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jueves, 6 de octubre de 2011

Suicidas del S XXI


Por: Lucía Dalenz

S XXI, las redes sociales son la manera de interacción básica. Ser social, es sinónimo de tener al menos una cuenta de Twitter, Youtube o Facebook. La asociación es una función vital, llevada a cabo por medio de la comunicación, en el intercambio de mensajes entre un emisor y un receptor. Sin embargo, se ha llegado al extremo de crear clínicas para los adictos de estas redes, además de que las nuevas generaciones están perdiendo su capacidad de interacción social en vivo.

En Latinoamérica, cerca del 30% de la población ha empleado una red social. Ni hablar en países desarrollados en donde, los mismos poseen una economía basada en el uso de redes sociales e internet. No por casualidad las primeras clínicas fueron fundadas en Japón.

Ahora, imaginemos de aquí a unos años, cuando las redes sociales desarrollen mayor dominio sobre la vida de todos. Para empezar, un niño desplazaría el jugar básico necesario en toda infancia, exonerando el desenvolvimiento y desarrollo de capacidades claves de adquirir en esas edades. Segundo lugar, se desatarían mayores caos sociales, ya que la gente olvidaría principios básicos al tratar con personas ¿más guerras y crímenes organizados por medio de las redes?

Probablemente, no sólo habría más clínicas para los adictos, sino mayores casos de paros cardíacos y obesidad a raíz del sedentarismo.

¿Pero, alguien controla el avance desmedido de estas en la sociedad? Todos somos cómplices, incluso yo con esta nota, ya que se publicará en un medio virtual. Al menos, el intento de difundir una idea, un fármaco, que si no cura, envenena.

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